Luego de una gran explosión, una nube de polvo se levantó, bloqueando la visión de todo el entorno. Algo gigantesco se movía a gran velocidad entre los árboles, buscando emboscar en el momento preciso a los guerreros que atendían la emergencia. Tres de ellos permanecían juntos, vigilando en todas direcciones para evitar el ataque de la bestia. Sin embargo, esta los sorprendió desde debajo de la tierra. Con gran velocidad y destreza, emergió bajo los guerreros y atrapó a uno de ellos en sus poderosas mandíbulas. Cuando la nube de polvo se disipó, la criatura se reveló con claridad, el temido Topo Ladrón Acorazado.
Era un monstruo que medía más de seis metros de alto y era tan robusto como un camión. Su cuerpo estaba cubierto por los huesos de otras bestias, que utilizaba como armadura, y sus grandes y afiladas garras le permitían cavar a gran velocidad. Su rostro estaba completamente cubierto por el cráneo de otra criatura, lo que no afectaba su visión, ya que no tenía ojos. Estas bestias subterráneas poseen un olfato extraordinario, que les permite localizar a sus presas en todo momento.
El Topo mordió con fuerza la pierna del guerrero que tenía atrapado, arrancando de él un grito desesperado. Sus compañeros intentaron acercarse para socorrerlo, pero al dar un paso más, la bestia comenzó a lanzar violentos zarpazos, impidiéndoles ayudarlo. Las garras del monstruo cortaban los troncos de los árboles como si fueran simples hojas. Era prácticamente imposible ayudarlo.
De repente, un destello apareció frente a la bestia, y de él emergió otro guerrero, quien conectó un golpe directo en el abdomen de la criatura. De aquel golpe generó una pequeña explosión, obligando al monstruo a soltar al guerrero atrapado. En un ágil movimiento, el nuevo guerrero atrapó al compañero herido en el aire y, con otro destello, lo transportó lejos del combate, junto a sus compañeros. Ese valiente guerrero, capaz de tal hazaña, no era otro que el Mago Explosivo.
El Mago Explosivo se acercó lentamente a la bestia, aguardando su próximo ataque. Sin vacilar, el Topo lanzó un zarpazo hacia el guerrero, pero este desapareció junto con un destello. Usando su habilidad, el Mago comenzó a teletransportarse una y otra vez, apareciendo y desapareciendo en menos de un segundo. Por más que el Topo intentara alcanzarlo con sus garras, no lograba conectar un solo golpe.
De repente, el Mago se teletransportó justo frente de la bestia, para luego elevarse en el aire con otro destello. Mientras ascendía, comenzó a concentrar maná en su puño derecho. Apenas se escuchó lo que dijo:
Es hora de acabar con esto... Técnica de mago negro, golpe...
En ese instante, la imagen en la pantalla del televisor se congeló, dejando en suspenso lo que sucedía después. Los gritos de Luna resonaron por todo el local de comida, llamando la atención del cocinero, que rápidamente trató de calmarla.
¡Oye Luna, baja la voz! Estás incomodando a los demás clientes —dijo el joven cocinero, visiblemente harto de los gritos de la chica.
¡¿Cómo quieres que no me enoje?! —replicó Luna, enfadada—. Siempre se arruina tu televisor a la hora del almuerzo, y justo se congela en el combate en vivo del Mago Explosivo. Qué mal servicio le das a tus clientes, Luis... —añadió, sonriendo de manera maliciosa.
¡Grrr! Voy a decirle a mi padre que quite tu platillo favorito del menú. ¡Suerte buscándolo en otra parte! —respondió Luis, molesto.
Ay, ya, perdóname, era una broma —dijo Luna, suavizando su tono—. Solo me frustra no poder ver la mejor parte… —murmuró, mientras seguía comiendo para desahogar su frustración.
De repente, alguien entró al restaurante. Era Daniel, un joven de 24 años, con ojos marrones al igual que su cabello, que siempre llevaba algo desordenado. Además, lucía una ligera barba que nunca crecía más de medio centímetro. Acababa de terminar su carrera de contador y trabajaba en una empresa cercana, por lo que, cuando podía, venía a almorzar junto a Luna. Desde afuera, Daniel ya podía escuchar las quejas de Luna, pero ya estaba acostumbrado a la situación. Lo que sí lo sorprendió fue ver que ya llevaba medio plato de comida terminado.
Oye, ¿saliste temprano del trabajo o qué? Ni me esperaste... —dijo Daniel mientras se sentaba junto a Luna en la barra y saludaba a Luis.
Ehhh... Bueno, pedí permiso para venir a almorzar antes. Tenía mucha hambre, ya sabes —respondió Luna con una risa nerviosa, mientras trataba de seguir comiendo.
Lo que Luna quiere decir —interrumpió Luis con tono sarcástico— es que la ascendieron a "desempleada" en su división.
Luna, molesta, arremetió contra Luis y le lanzó la cuchara con la que estaba comiendo, golpeándolo en la frente. Esto desató una nueva discusión, y ambos se enzarzaron en una pelea que duró varios minutos. Cuando el ambiente finalmente se calmó, Daniel se volvió hacia Luna y le preguntó qué había provocado su despido. Al principio, ella no quería hablar del tema, pero poco a poco comenzó a hacerlo. Sin embargo, su rostro no dejaba de reflejar una profunda vergüenza.
Tú sabes que trabajo todo el día, todos los días, así que no tengo tiempo para entrenar... —dijo Luna, soltando un suspiro—. Me levanto a las 5:00 AM para estar en el trabajo a las 6:00 AM como guerrera. Termino mi turno a las 5:00 PM y de inmediato voy al bar para trabajar hasta las 10:00 PM. Con mucha suerte duermo seis horas al día... —Luna soltó la cuchara, quedándose, mirando fijamente su comida—. He estado así todo un año, trabajando gratis en la división para poder obtener mi puesto, y cuando finalmente me lo dan, solo duró un mes... —Exhaló con fuerza, intentando liberar la frustración, pero sin éxito—. Al final, solo me dijeron... —Luna cambió su tono a una voz burlona, imitando a su jefe—: "Lo siento, Luna, eres una Maga Azul que solo sabe una técnica muy débil. Y como soy un idiota intolerante con los demás, decidí reemplazarte por un Mago Negro que aprendió técnicas eléctricas de los Wyverns del Catatumbo."
¿¡Un Mago Negro que aprendió técnicas de los Wyverns del Catatumbo!? ¡Ese tipo debe ser genial! —respondió Daniel, emocionado al escuchar la historia.
¡Sí, lo sé, es súper genial! Seguro me hubiera caído muy bien... si no fuera porque me quitó el empleo... pffff —Luna hizo una pausa y suspiró—. Oye, Dani, creo que me equivoqué con esto de ser una guerrera...
Daniel notó lo decaída que estaba Luna por la situación, así que decidió animarla. Le pidió que lo siguiera hasta la salida del restaurante y que trajera los restos de comida que aún le quedaban en su plato. Una vez afuera, Daniel juntó ambas manos, entrelazando los dedos, y comenzó a acumular maná. Luego, apuntó sus palmas al suelo, formando un círculo de invocación. El círculo desprendía un intenso brillo azul que cegaba si se miraba directamente.
Del círculo emergió una criatura que Luna ya conocía, una Tortuga Acorazada. Esta variante de tortuga tenía el tamaño de un perro mediano, pero su cuerpo era tan robusto como una enorme roca. Sus cuatro patas eran puro músculo, capaces de soportar el peso de su imponente caparazón, que podía llegar a pesar hasta 400 kilos. Lo más sorprendente era su cabeza, completamente oculta dentro del caparazón, ya que su cuello era muy corto y no podía asomarse. Sin embargo, los brillantes ojos de la criatura se vislumbraban en la oscuridad desde el interior.
¡Ohhhh, Tirtu! ¡Cuánto tiempo sin verte! —exclamó Luna, arrodillándose rápidamente para darle un gran abrazo y llenarlo de besos—. Estás gordito, te tienen bien consentido en la finca, ¿verdad? ¡Ay, te amo mucho!

Luna pasó varios minutos dándole cariño a Tirtu y, después, empezó a darle los restos de comida que había dejado en su plato. Estaba tan animada que ya no parecía la misma persona que había sido despedida unas horas antes. Mientras tanto, Daniel sacó una caja de cigarrillos, encendió uno y se quedó fumando tranquilamente mientras observaba a su amiga jugar con su mascota.
Oye, te dije que dejaras de fumar. Se te va a podrir la boca y te vas a morir por idiota —dijo Luna, mirando a Daniel con desaprobación mientras acariciaba a Tirtu a su lado.
Estadísticamente, es más probable morir por el ataque de una bestia que por fumar, así que, si quieres que tu predicción se cumpla, por favor, no dejes de ser una guerrera —respondió Daniel mientras seguía fumando.
… No he dicho que lo vaya a dejar, solo dije que no soy buena... —respondió Luna mientras acariciaba su brazo derecho, cubierto por el uniforme de su antigua división—. He avanzado tan poco, y muchas veces siento que ya no tengo la determinación que tenía cuando decidí dejar la universidad para convertirme en guerrera.
Pero has avanzado, sin duda no estás en la casilla de inicio. Además, tienes que entender que vas en desventaja frente a quienes se convirtieron en guerreros mucho antes que tú. Y ni hablar de que naciste con una clase muy poco común —dijo Daniel, mientras apagaba el cigarro con la suela del zapato—. Pero, a pesar de todos esos contratiempos, cualquiera puede ver que eres mucho más feliz trabajando como guerrera que cuando estudiabas en la universidad.
Por un momento, Luna recordó cómo se sentía hace dos años, antes de tomar la decisión de abandonar sus estudios y dedicarse por completo a la protección de los demás como guerrera. La joven se despidió de Tirtu antes de que Daniel lo devolviera a la finca a través del portal con el que lo había invocado.
Al regresar al restaurante, Daniel se sentó a comer su almuerzo, mientras que Luna se dirigió al baño para limpiarse. Frente al espejo, se vio a sí misma, sus ojos rojos, su corto cabello negro y su piel clara. Sin duda, su apariencia había cambiado por completo desde que dejó la universidad. Se dispuso a lavarse la cara, subiendo las mangas de su uniforme para no mojarlo.
Al recoger la manga de su brazo derecho, vio cómo todo su brazo estaba cubierto y atravesado por fragmentos de hielo que lo recorrían de principio a fin. "Ya han pasado dos años desde aquel accidente… Es difícil creer que algo que casi me mata, al mismo tiempo, me salvó" pensó Luna mientras observaba su brazo congelado.
Al salir del baño, Luna notó que el televisor del restaurante volvía a funcionar. En la pantalla se mostraba que la batalla del Mago Explosivo contra la bestia había acabado. Una reportera entrevistaba al guerrero mientras, al fondo, se veía el esqueleto de la criatura, completamente calcinado.
Por su parte, el Mago Explosivo parecía tranquilo, como si la batalla recién terminada fuese solo parte de su rutina diaria. Vestía el uniforme negro de los guerreros, con todo su cuerpo cubierto por vendajes, incluso el rostro, dejando al descubierto únicamente uno de sus ojos. Lo más curioso de todo, era que las vendas estaban intactas a pesar de que él usaba magia de fuego.
Disculpe, señor Victor. ¡Su desempeño en este combate ha sido increíble! Logró rescatar al guerrero atrapado por la bestia y, en menos de un minuto, consiguió derrotarla utilizando su emblemática técnica. Es, sin duda, un orgullo para todo el país —dijo la reportera, visiblemente emocionada por tener frente a ella al Mago Explosivo—
Victor, con el rostro inexpresivo, asintió ligeramente antes de responder— No ha sido nada. Como guerrero profesional, cumplo con mi deber de la forma más eficiente posible. Sin embargo, aún tengo mucho por mejorar —desvió la mirada hacia el joven guerrero al que había rescatado, quien en ese momento recibía asistencia médica— Si hubiera sido más rápido, habría evitado que mi compañero resultara herido en combate. Y si fuera más fuerte, habría derrotado al Topo Ladrón Acorazado con un solo golpe... Por eso, me disculpo por mi falta de poder.
¡Wow! Sin duda, esta es una muestra del lado más humilde y sincero del segundo guerrero más fuerte de todo el país —exclamó la reportera, visiblemente impresionada por las palabras de Victor— Eso nos lleva al siguiente tema ¿qué opina sobre el homenaje que recibirá Amaru hoy en su ciudad natal?
En cuanto Victor escuchó la pregunta, desapareció en un destello, no sin antes suspirar con evidente fastidio. Aquello no sorprendió a nadie, pues siempre había competido con Amaru por el título de “héroe del país”. Ser un héroe significaba convertirse en el guerrero más fuerte, aquel cuya valentía y logros lo elevaran por encima del resto.
Sin embargo, a pesar de su esfuerzo incansable y su determinación inquebrantable, Victor siempre quedaba a la sombra de Amaru, quien acaparaba la admiración del público por ser un Dracónico. Luna, por su parte, admiraba profundamente a Victor, pero no podía ignorar el hecho de que le debía su vida a Amaru.
Mientras tanto, Daniel se dio cuenta de que se le hacía tarde para volver al trabajo, por lo que le preguntó a Luna si podían regresar juntos. Durante el trayecto, conversaron sobre trivialidades para hacer la caminata más amena. Sin embargo, antes de que pudieran reaccionar, dos estudiantes los embistieron por detrás, corriendo apresurados por llegar a algún lugar.
¡Agh! ¡Qué mierd…! ¿Acaso no les enseñaron a tener cuidado por dónde caminan? —reclamó Luna mientras ayudaba a Daniel a levantarse—
L-Lo siento, señora... Es que vamos tarde a la inauguración de la estatua de Amaru —se disculpó uno de los niños antes de salir corriendo sin decir más—
¡Grrrr…! Ese mocoso me llamó señora... —Luna levantó su brazo derecho y lo cubrió de hielo por completo— Le voy a partir la cara.
—Daniel soltó una carcajada antes de intentar calmarla— Oh, vamos, solo son niños emocionados por ver a Amaru. Apuesto a que tú estarías igual si se tratara del Espadachín Seven o el Mago Negro Roy.
—Luna le apuntó con su brazo congelado y le mostró el dedo del medio—. ¡No hables mal de Seven y Roy! Ellos podrían matarte veinte veces antes de que toques el suelo.
Hablando de eso… ¿No irás a la inauguración de la estatua? —preguntó Daniel con curiosidad—
En ese momento, Luna intentó mostrarse indiferente ante el tema, pero, en el fondo, le hacía cierta ilusión ver a Amaru. Después de todo, no todos los días se tenía la oportunidad de presenciar de cerca al guerrero número uno del país. Aun así, después de perder su trabajo, se sentía desmotivada para asistir al evento.
Con un simple gesto de negación, se despidió de su amigo y tomó rumbo a casa por su cuenta. Mientras avanzaba, notó cómo numerosas personas caminaban en dirección contraria, todas dirigiéndose a la inauguración. Las calles estaban repletas de pósters de Amaru, grafitis con su imagen en los muros y una multitud vendiendo mercancía con su nombre. No cabía duda de que era un ídolo para la ciudad.
Al final de la calle, un camión de carga apareció transportando el cuerpo destrozado de una bestia de tierra. A pesar del daño, aún se distinguían algunas de sus partes, las patas delanteras, parte de su cabeza completamente aplastada y su enorme torso, que presentaba en la parte trasera una extraña herida de mordida. Apenas se podía reconocer que se trataba de una Mantis Ciempiés.
El camión se detuvo ante un semáforo en rojo, lo que permitió a Luna escuchar la conversación entre el conductor y su acompañante.
Vaya día… Amaru dejó totalmente destrozada a esa bestia de tierra. Aún tenemos que volver por las demás partes que no pudimos subir a la camioneta —decía el copiloto mientras se limpiaba la cara que estaba llena de sangre de la criatura—
Venga hombre ¡No te quejes por tener trabajo! Gracias a que Amaru destroza a las bestias dejándolas casi irreconocibles es que cobramos más por horas extra, si no vuelves a quejarte en lo que resta del día te invito unas cervezas —respondía el conductor el cual estaba harto de las quejas de su compañero—
¡Así se habla! Espero que Amaru encuentre pronto a la Mantis ciempiés que falta, mínimo se escondió en algún edificio abandonado en la zona —decía el hombre para acto seguido irse del lugar—
En ese momento Luna pensó que la mordedura que tenía el cuerpo del Mantis ciempiés era porque era un macho y estaba siendo comido por una hembra. Eso significa que la bestia aún debía quedar con hambre para los nutrientes de sus huevos por lo cual va a estar cazando un rato. “Les hubiera preguntado a esos tipos donde ocurrió el combate para tener cuidado por esa zona…” Dijo Luna en voz baja para seguir su camino.
Luego de un rato, la joven llega al lugar donde vivía. Como ella no era originaria de la ciudad se quedaba viviendo junto a un excompañero de estudios. Este vivía en un apartamento y le brindaba un cuarto a un precio muy barato, lo que le permitía a Luna pagarlo con lo poco que ganaba de su trabajo en el bar.
Al entrar al departamento, Luna saluda a su amigo y por un segundo estuvo a punto de decirle lo de su despido como guerrera, pero prefirió reservárselo para después, en cambio vio que él estaba viendo en el televisor del salón la transmisión en directo de la inauguración de la estatua de Amaru, ya había empezado, por lo cual esta decide ir a su habitación para verlo desde su celular.
La habitación de Luna era prácticamente un espacio vacío. Lo único que tenía era un colchón inflable donde dormía y una maleta en la que guardaba toda su ropa. Todo lo que ganaba iba directo al pago del alquiler, dejando poco margen para cualquier otra comodidad.
Luna se dejó caer sobre el colchón y, sin perder tiempo, tomó su celular para sintonizar la transmisión del evento. En la pantalla, el alcalde pronunciaba un discurso en agradecimiento a las fuerzas de guerreros de la ciudad, reconociendo su valentía al arriesgar la vida cada día para mantener el orden entre humanos y bestias.
El alcalde era una figura muy querida por los ciudadanos. Cada vez que asumía el cargo, la ciudad experimentaba tiempos de prosperidad, y este año marcaba el inicio de su tercer mandato.
—el alcalde comenzó su discurso con la voz algo rasposa debido a su edad— Muchas gracias a todos por venir. No esperaba tanta gente en la inauguración de una estatua... ¡nunca vienen tantos a mis presentaciones en vivo! Jejeje —bromeó, provocando risas entre el público—
Y pensar que este ya es mi tercer mandato como alcalde de esta ciudad. He vivido aquí toda mi vida y no hay nada que disfrute más que ayudar a sus habitantes. Tal vez no seamos la ciudad más avanzada del país, pero no nos quedamos atrás. Año tras año, demostramos que podemos competir con las mejores en cualquier ámbito.
Ahora, gracias a mi hijo, hemos dado un paso aún mayor. No solo estamos a la altura de los mejores guerreros del país, sino que también estamos listos para destacar a nivel internacional en la lucha contra las bestias. Sin más que decir, ¡inauguremos esta estatua de una vez! Que ya me estoy haciendo viejo para estas cosas, jajaja —remató con una carcajada, contagiando nuevamente al público—
Entre risas y aplausos, el alcalde retiró la manta que cubría la estatua de Amaru, revelándola ante la multitud. La escultura, de imponentes nueve metros de altura, estaba hecha de bronce y mostraba a Amaru de pie, con ambas manos en la cintura, mirando al frente con determinación y una sonrisa capaz de inspirar a cualquiera.
Amaru había comenzado su camino como guerrero apenas dos años atrás y, en ese corto tiempo, no solo logró reducir los ataques de bestias a casi una cuarta parte de lo que eran, sino que también ganó reconocimiento internacional. Su ascenso meteórico lo convirtió en una sensación mundial, despertando grandes expectativas sobre los logros que alcanzaría el Dracónico de esta generación.
De repente, una silueta cayó desde lo alto, aterrizando con firmeza sobre la estatua. La velocidad del movimiento tomó a todos por sorpresa, impidiendo que lo reconocieran de inmediato. Sin embargo, en cuanto el recién llegado levantó la mirada y esbozó una sonrisa confiada, señalándose a sí mismo con el pulgar para saludar al público, no quedó duda alguna de su identidad.
¡Es Amaru! —todo el público gritaba lo mismo intentando saludarlo—
Amaru era un joven alto de 24 años, de piel morena y cabello verde corto-medio. En su rostro, cuello y brazos se podían ver escamas visibles, rasgo distintivo de su genética dracónica. Sus ojos verdes, con la esclera negra, irradiaban una energía inquebrantable. Pero más allá de su apariencia, lo que realmente lo distinguía era su carisma natural. Su sola presencia bastaba para animar a quienes lo rodeaban, sin importar la situación en la que se encontrara.
Antes de que el joven guerrero pudiera decir una palabra, Luna apagó su celular y se dejó llevar por el sueño, esperando que el día siguiente fuera mejor.
Sin embargo, despertó varias horas después, en plena noche. Al revisar su móvil, vio que eran las 11:20 p.m., y de inmediato sintió un hambre voraz que la obligó a levantarse. Se dirigió a la nevera con la esperanza de encontrar algo para calmar su apetito, pero su búsqueda fue en vano. Solo había agua y unos cuantos vegetales al borde de pudrirse.
Por la hora y el hambre, su mente nublada no le permitía pensar con claridad. De todas formas, salir a buscar comida a esa hora parecía inútil.
¡¿Entonces porque mierda vine aquí?! —pensaba Luna mientras pagaba al cajero lo que había comprado—
Luna se dirigió a una tienda 24/7 en busca de algo para comer. Por lo general, evitaba gastos innecesarios y estrictamente solo compraba lo económico para llegar a fin de mes. Sin embargo, por una noche decidió romper su propia regla y darse el lujo de comprar comida innecesariamente cara.
No le preocupaba salir sola a esas horas. Sus horarios de trabajo la habían acostumbrado a volver muy tarde a casa, además, su brazo de hielo era lo suficientemente intimidante como para disuadir a cualquiera de acercarse.
A mitad de camino, comenzó a rebuscar en la bolsa con sus compras hasta encontrar una bebida. Mientras destapaba la lata, se percató del silencio que la rodeaba. La calle estaba completamente vacía. No se veía ni un alma.
Fue en ese instante cuando su mente comenzó a divagar. Pensó en todo lo que había vivido en los últimos dos años, el ataque de aquella bestia que casi le costó la vida, el abandono de su carrera para perseguir un sueño que había dejado atrás. Y ahora, después de tanto esfuerzo, sin haber logrado avanzar ni un solo paso, solo podía preguntarse si había desperdiciado su tiempo.
Luna se agachó en medio de la calle, abrazando sus piernas mientras fijaba la mirada en el suelo.
Tal vez debería volver a casa y aceptar la reprimenda de mamá…
Ese pensamiento rondaba su mente cuando, de repente, sintió un golpe seco en la espalda. Algo pesado la empujó con fuerza, haciéndola caer hacia adelante y provocándole una dolorosa raspadura en el proceso.
¡Ay! ¿Quién fue el malnacido que me empujó? —gruñó, incorporándose con rabia—. Juro que te romperé la cara y congelaré tu sangre para detener la hemorragia y seguirte… —su voz se fue apagando a medida que giraba para ver al responsable— …golpeando.
Al girarse, Luna quedó paralizada. Justo detrás de ella, una bestia de tierra la observaba con hambre. Se trataba de una Mantis Ciempiés, una criatura descomunal. Su sola presencia era imponente, supera en altura a las casas cercanas, sus dos brazos eran gigantes guadañas, mientras que su cola, cubierta de pequeñas patas, se extendía por la calle en una longitud de al menos dos autos.
Sus ojos brillaban con un intenso carmesí, fijos en la joven. Las antenas se movían de forma errática e inquietante, y de su boca goteaba saliva desde los cuatro palpos que la rodeaban, resbalando hasta el suelo en gruesas gotas. No había duda, estaba lista para cazar.
El miedo la paralizó. No sabía qué hacer. Las Mantis Ciempiés eran bestias extremadamente peligrosas, tan letales que, normalmente, se requería un equipo entero para derribarlas. Pero Luna estaba sola. No había nadie que pudiera ayudarla, y en su estado actual, no tenía fuerzas para defenderse.
En el instante en que soltó un leve suspiro, la bestia se lanzó sobre ella con un tajo devastador.
Luna reaccionó por puro instinto. Se abalanzó hacia atrás justo a tiempo, esquivando el golpe por un pelo. La garra de la criatura dejó un profundo corte en el asfalto, un recordatorio de lo que habría pasado si hubiese sido más lenta. Sin pensarlo dos veces, giró sobre sus talones y comenzó a correr en dirección contraria, mientras la bestia la perseguía, lanzando cortes al aire que explotaban con cada impacto.
¡Maldita sea! ¿Qué tan mala suerte debo tener para encontrarme en esta situación? —pensaba Luna mientras corría por su vida— No sé qué hacer… ¡Cualquier corte de esta bestia me matará al instante! ¡No quiero morir!
De repente, la Mantis Ciempiés giró bruscamente, usando su cola como un látigo. El impacto lanzó a Luna varios metros, haciéndola rodar por el suelo y dejándola completamente desorientada. Se obligó a ponerse de pie lo más rápido que pudo, solo para ver cómo la criatura lanzaba un tajo de aire cortante en forma de “x” en su dirección.
Por instinto, levantó su brazo derecho para cubrirse, y en ese instante, una capa de hielo azul lo envolvió por completo. Sin embargo, al recibir el impacto, fue arrastrada hacia atrás con brutalidad. Aunque logró mantenerse de pie, el golpe le dejó una enorme herida abierta en el brazo.
El dolor fue desgarrador. Un grito desesperado escapó de su garganta, resonando por toda la calle y alertando a quienes estaban cerca. Con su otra mano, presionó la herida en un intento por frenar el desangrado, pero su visión comenzaba a nublarse y sus piernas temblaban. Solo un pensamiento cruzaba su mente: Corre.
El miedo a morir la hizo reaccionar. Una descarga de adrenalina recorrió su cuerpo, dándole la energía suficiente para huir a toda velocidad. Ya fuera por suerte o puro instinto, logró llegar al edificio donde vivía. Subió las escaleras con el corazón latiéndole en los oídos, pero la Mantis Ciempiés la seguía de cerca. Podía escuchar el crujido de sus patas al avanzar por cada piso, mientras sus extremidades delanteras destrozaban todo a su paso.
Con el último aliento que le quedaba, empujó la puerta de su departamento y la cerró de golpe. Pero apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando la bestia embistió con fuerza, derribándola y abriéndose paso a la fuerza.
Acorralada, Luna jadeaba con desesperación. Antes de que pudiera reaccionar, la puerta de una habitación se abrió. Su compañero salió, dispuesto a reclamar por el alboroto, pero se quedó completamente paralizado al ver la aterradora escena frente a él.
¡No te acerques! ¡Escóndete hasta que llegue el equipo de rescat...!
No terminó la frase. La Mantis Ciempiés atacó sin piedad, golpeando a Luna con tal fuerza en el pecho que la lanzó contra el balcón del apartamento. El impacto le cortó la respiración y la dejó aturdida. Al intentar incorporarse, se apoyó en el antepecho y miró hacia abajo detrás suya.
Un vacío de más de ocho pisos la esperaba. El miedo la ahogó en un instante. Su cuerpo se desplomó contra el suelo, sin fuerzas ni voluntad para seguir luchando. Había llegado su fin.
Podía sentir la presencia de la bestia justo encima de ella. Su boca entreabierta estaba a punto de cerrarse sobre su cabeza, devorándola de un solo bocado. Luna dejó escapar una leve risa, un último resquicio de ironía ante su inevitable destino. Luego, simplemente soltó toda la tensión de su cuerpo y se dejó llevar por la situación.
Sin embargo, como si una flecha atravesara su mente, una voz resonó en su interior.
Golpéalo…
La voz era tenue, casi un susurro. Luna no podía distinguir si era un recuerdo fugaz o si alguien le gritaba a lo lejos.
Rompe su mandíbula y ataca inmediatamente a sus brazos…
¿Una bestia de tierra que pesa más de una tonelada? Le haría más daño insultando a su madre… —murmuró con las pocas fuerzas que le quedaban—
¿Solo aceptaras tu muerte?... pffff Que patética…
No tengo ninguna técnica con la cual pueda defenderme… Así de patética soy…
Tienes una…
Mi puño de hielo es ridículo… A lo mejor muere de vergüenza ajena…
Entonces, ¿No lucharás?...
Dame un motivo para hacerlo…
Estás viva… Y quieres vivir…
—Luna se queda pensando en las palabras que dijo aquella voz— No tengo nada en esta vida por la cual vivir…
Vivir es un motivo. El primero de todos. Tu corazón bombea sangre para que sigas adelante, ese es su propósito… La vida es la base sobre la que se construye todo lo demás.
Probablemente solo seas un delirio antes de mi muerte. Seguro escuché algo parecido en alguna película o serie.
Pues ahí tienes un motivo para vivir… Descubrir quién soy…
Oye ya me estas hartando con todo este sermón… Déjame morir en paz…
Ahí tienes otro motivo… Callarme para que puedas morir en paz…
¿Puedes salir de mi cabeza?... Estoy a punto de meter la mano por mi oído para arrancarte de ahí.
Vamos… lucha… lucha… lucha… lucha… lucha… lucha… —la voz insistía sin tregua, perforando su mente, llevándola a Luna al límite—
Cállate… O te voy a…
¿Qué vas a hacer? —la voz se tornó más fuerte, burlona, arrogante— Si solo eres una guerrera patética e inútil. Intenté motivarte a pelear por tu vida, pero eres un caso perdido. Mediocre intento de Maga Azul…
Cállate…
No le ibas hacerle nada a esa Mantis…
Cállate…
Con tu mediocre…
Cállate…
Puño de hielo…
¡Carajo, que te calles de una mal nacida vez!
Luna arremetió con todas sus fuerzas contra la Mantis Ciempiés, propinándole un brutal gancho en la barbilla con su brazo completamente congelado. La bestia se tambaleó, aturdida por el impacto. Aprovechando su momentánea vulnerabilidad, la joven descargó una ráfaga de golpes contra su abdomen. Con cada impacto, trozos de hielo saltaban en todas direcciones.
La furia la consumía. Ya no pensaba en huir. No quería escapar. Quería matar a la bestia a toda costa.
La criatura, reaccionando, levantó una de sus brazos para asestar un tajo devastador. Sin embargo, justo antes de que el golpe cayera, Luna lo detuvo atrapando el brazo con una precisión milimétrica. En ese instante, algo se activó en su mente. Un patrón de puntos apareció en su visión, conectándose entre sí con líneas fugaces, formando un plano complejo.
¿P-pero qué es esto…? ¿Acaso es…? —murmuró Luna, desconcertada. Mientras sujetaba el brazo de la criatura con su mano derecha, observó con asombro su brazo izquierdo—
La Mantis Ciempiés aprovechó su distracción y lanzó un nuevo ataque con su otro brazo. Sin embargo, Luna reaccionó instintivamente, trazando un corte ascendente que cercenó la extremidad de la bestia de un solo tajo. Su brazo izquierdo estaba completamente recubierto de un hielo azul que había tomado la forma de un afilado sable.
¡Es una nueva técnica! Jejeje —soltó una leve risilla, intentando contener la emoción— Me pregunto si también puedo hacer lo mismo que tú…
Liberó a la criatura y retrocedió, probando su nueva habilidad. Con rápidos movimientos, lanzó varios tajos al aire. Cada uno de ellos impactó contra la bestia, cortando y congelando su cuerpo al mismo tiempo. La Mantis Ciempiés retrocedió, retorciéndose de dolor.
Luna vio su oportunidad. Sin dudarlo, se impulsó hacia adelante para dar el golpe final, apuntando su sable de hielo directo al pecho de la bestia. Pero en el último instante, su técnica falló.
Antes de que pudiera completar el ataque, el hielo que cubría sus brazos se desprendió por completo.
¿Pero… qué pasó? —Luna intentó volver a ejecutar su técnica, pero nada ocurrió. Enseguida comprendió el motivo— Oh, mierda… ¡¿Cómo carajos me quedé sin maná tan pronto?! ¡Solo usé dos técnicas!
Gritaba, angustiada y frustrada, mientras miraba sus brazos con desesperación. Sin embargo, no tuvo tiempo para seguir quejándose.
La Mantis Ciempiés se lanzó sobre ella con furia, intentando decapitar y devorar su cabeza de un solo bocado. Luna quedó en shock, incapaz de reaccionar.
Justo cuando la bestia estaba a punto de alcanzarla, sintió una mano firme sujetándola por la cabeza. En un instante, la empujaron hacia abajo y, con un movimiento veloz, alguien pasó por encima de ella. Lo siguiente fue un estruendo ensordecedor.
Un solo golpe bastó para destrozar a la bestia por completo. Al impactar, el sonido que emanó fue como el rugido de un dragón, y en cuestión de segundos, órganos, sangre y restos del monstruo quedaron esparcidos por todo el apartamento y las escaleras del edificio. Luna apenas podía procesar lo ocurrido.
Cuando finalmente logró reaccionar, levantó la mirada y observó con detenimiento a la persona que la había salvado. Al girarse para ver su rostro, se dio cuenta de quién era.
N-no puede ser… ¡Eres Amaru! ¿C-cómo…? N-no entiendo… —balbuceó Luna, completamente confundida por la situación—
Menos mal llegué a tiempo. Un segundo más y esa cosa te habría matado… —respondió Amaru con frustración, flexionando las piernas y soltando un gruñido— ¡Aghhh! ¡Tengo que mejorar mi velocidad para evitar que esto vuelva a pasar!
¿Pero qué estás haciendo…? —Luna observó con atención sus piernas y notó que desprendían un tenue brillo azul— ¿Eso es maná? —Murmuró para sí misma—
Acumulo maná para ver si logro crear alguna técnica, pero la verdad… Tengo muy poca imaginación para estas cosas —dijo Amaru con una risa despreocupada— ¡Pero no te preocupes! Siempre encuentro la forma de solucionar todo por el bien de mi gente.
Con una sonrisa confiada, se señaló a sí mismo con el pulgar, irradiando la misma energía optimista de siempre. Ese gesto era característico de Amaru. Siempre que podía, lo hacía para transmitir un mensaje claro sin necesidad de palabras: "No se preocupen, yo me haré cargo.”
Por cierto, las Mantis Ciempiés pueden matarte en un segundo si bajas la guardia —Dijo Amaru con un tono despreocupado— Hiciste un buen trabajo enfrentándola hasta que llegara. Me alegra saber que todavía hay buenos guerreros en el gremio.
—Los ojos de Luna brillaron al escuchar las palabras del héroe más querido de la ciudad— ¡M-Muchas gracias! —exclamó con emoción— De verdad aprecio mucho esas palabras viniendo de usted. Y también… gracias por salvarme la vida por segunda vez.
—Amaru frunció el ceño, extrañado— ¿Segunda vez?
Pues sí —respondió Luna con una leve sonrisa— La primera fue hace más de dos años, en el incidente de la universidad costera con el Gólem de Hielo… A este paso, esto se volverá una mala costumbre mía.
Luna no podía evitar sentirse avergonzada. Incluso cuando estuvo a punto de vencer a una bestia por su cuenta, terminó arruinándolo al final y casi muere en el intento. Mientras tanto, Amaru, en apenas su segunda semana como guerrero, ya había derrotado en solitario a un Gólem de Hielo.
Amaru notó lo desanimada que estaba la joven e intentó animarla, pero antes de que pudiera decir algo, la puerta de una habitación se abrió de golpe. El compañero de piso de Luna salió apresurado, primero para asegurarse de que Luna estaba bien y, luego, para quejarse del estado en el que había quedado su apartamento, completamente destrozado y cubierto de restos de la Mantis Ciempiés.
Con su característico carisma, Amaru logró calmarlo, recordándole que el estado cubría los gastos de reconstrucción y limpieza en caso de daños por ataques de bestias. Fue en ese momento cuando el chico finalmente procesó quién estaba frente a él. Sus ojos se abrieron de par en par.
E-espera… ¡TÚ ERES AMARU!
Sin perder un segundo, pasó de la indignación a la emoción absoluta. Empezó a agradecerle efusivamente por salvar su hogar y, sin dudarlo, sacó su teléfono para pedirle varias fotos.
Pasaron algunos minutos antes de que la situación se normalizara. Pronto llegaron varios policías y una ambulancia para atender a los heridos. Durante los procedimientos médicos, los enfermeros revisaron a Luna y confirmaron que no tenía heridas graves. Al escuchar eso, la joven se dispuso a mostrarles la herida en su brazo derecho. Pero cuando lo miró, se quedó helada. No había ningún corte, en su lugar, solo quedaba una cicatriz en forma de "X".
Mientras los equipos terminaban su trabajo y la gente comenzaba a dispersarse, Amaru se acercó a Luna con una sonrisa.
¡Hey, compañera! Fue un gusto trabajar contigo. Espero que podamos combatir juntos en otra ocasión. Te aseguro que la próxima vez tendré una técnica que me permita moverme más rápido —dijo Amaru con una sonrisa, extendiéndole la mano a Luna en señal de despedida—
Jejeje, muchas gracias, pero… no creo que eso pasé —respondió ella, bajando la mirada con una expresión de frustración— Han pasado dos años desde que dejé la universidad para convertirme en guerrera. Usted fue mi inspiración para hacerlo, pero… Simplemente no tengo talento. Además, mi clase es un chiste —se quedó mirando al suelo, sintiendo el peso de su propia decepción— Después de todo este tiempo, solo he aprendido dos técnicas: "Puño de Hielo" y ahora "Guadaña Gélida".
¡Oh, ese es un muy buen nombre! —exclamó Amaru, más emocionado por la técnica que por la historia de Luna— Suena como si la parca te fuera a matar de la forma más fría posible.
¡Lo sé! ¡Intenté contener mi emoción cuando se me ocurrió! —respondió Luna, igualmente emocionada—
Por cierto, ¿Cuál es tu clase? ¿Maga negra o roja?
Ninguna de las dos… —respondió ella con cierta vergüenza— Soy una maga azul.
—Amaru abrió los ojos con emoción al escuchar su respuesta— ¡Wow! No pensé conocer a una guerrera que fuera maga azul —dijo con entusiasmo, estrechándole la mano otra vez— La última vez que revisé la lista de guerreros de la ciudad, no había ni un solo mago azul.
Es que me tenían como practicante todo este tiempo… Técnicamente, nunca fui una empleada formal jejeje…
De repente, Amaru sacó su celular y se lo mostró a Luna. En la pantalla estaba su número de contacto personal. La joven se quedó atónita. ¿Por qué alguien tan importante como él le daría algo tan privado?
Cuando puedas, ve a la oficina principal de los guerreros. Pide que te consigan trabajo y diles que llamen a este número… —dijo con firmeza— Diles que el mismo Amaru te recomendó.
Luna no sabía cómo responder al escuchar esas palabras. Jamás imaginó que el hombre que le había salvado la vida años atrás y que la inspiró a convertirse en guerrera, ahora sería quien le daría la oportunidad de seguir siéndolo. No pudo contenerse y un par de lágrimas resbalaron por su rostro, cargadas de emoción y gratitud.
Amaru intentó calmarla con una sonrisa y, antes de marcharse, le hizo una última pregunta.
Por cierto… ¿Cuál es tu nombre?
Luna levantó la mirada, con los ojos brillantes de determinación, y lo miró fijamente.
Soy Luna Martínez, y seré la mejor maga azul que haya existido en la ciudad de Killa —tan pronto terminó de decirlo, sintió una ola de vergüenza recorrer su cuerpo. ¿En serio había soltado algo tan grandilocuente frente a su ídolo? Pero no se arrepintió—
Jejeje… Entonces, ¡te esperaré en la cima, Luna! —dijo Amaru con una carcajada— No te demores mucho… O moriré de viejo. ¡JAJAJAJA!
Con esas palabras, el guerrero se despidió.
Luna, agotada, pero con el corazón acelerado, finalmente entró en su habitación y, sin pensarlo dos veces, se dejó caer sobre su colchón. No podía creerlo. Iba a buscar un nuevo trabajo con la recomendación directa de Amaru. Incluso guerreros de la segunda división solo podían soñar con algo así. Su entusiasmo estaba por las nubes. Tanto, que ni siquiera pudo dormir.
Apenas el sol asomó en el horizonte, Luna salió corriendo hacia la oficina de empleo para guerreros. Presentó su currículo actualizado con la nueva técnica que había aprendido y luego se dirigió al campo de práctica, donde debía demostrar sus habilidades para validarlas oficialmente.
La primera prueba fue sencilla. Usó "Puño de Hielo" contra un muñeco de entrenamiento y el entrevistador le validó la técnica sin problemas. Sin embargo, cuando intentó replicar "Guadaña Gélida", por más que acumulaba maná en su mano izquierda, la técnica simplemente no se manifestaba. Por más intentos que hacía, no lograba recrear lo que había conseguido la noche anterior. Al final, no pudieron validar la técnica en su currículo.
Frustrada, pero aún con esperanzas, Luna decidió jugar su última carta, Amaru como referente. Con su recomendación, podría asegurarse un puesto en alguna división. Pero el destino parecía tener otros planes. Por más que intentó contactarlo, Amaru nunca respondió a las llamadas.
Cuando se quedó sin opciones, se dejó caer en una de las sillas de espera con la mirada perdida en el techo. Sabía lo que vendría a continuación. En cualquier momento, alguien se acercaría para decirle que no había trabajo para ella. Pero ya ni siquiera tenía fuerzas para reaccionar. Solo quería desconectar su mente y dejar que el tiempo pasara. Después de todo, ¿qué más podía hacer?
Disculpa, ¿tú eres Luna? —preguntó una voz—
Sí… Soy yo. Ya sé lo que dirá, que no tienen empleo para mí… Muchas gracias por su atención…
Luna levantó la mirada y se fijó en el hombre que le hablaba. Era un joven alto, de cabello castaño largo, ojos marrones y piel pálida. Su vestimenta era peculiar, llevaba una chaqueta blanca, bermudas y zapatos del mismo color. Lo único diferente era su camisa negra, visible debajo de la chaqueta. Además, de llevar un collar con una cruz y un rosario en su muñeca.
Ese no es el uniforme de los empleados… ¿Quién será este sujeto y por qué sabe mi nombre? —pensó Luna, frunciendo el ceño—
Hola, mi nombre es Miguel y, bueno… Soy tu nuevo jefe.
¿Eh? —respondió ella, atónita—
—Miguel extendió la mano y le regaló una sonrisa— ¡Bienvenida a la Decimotercera división!
¡¿EH?! —exclamó Luna, aún más confundida— Espera… ¡¿Existe una Decimotercera División?!

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